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Crianza positiva

Todavía nos cuesta cambiar de paradigma, nos ceñimos a la manera de educar que tuvieron nuestros padres con nosotros. Nuestro cerebro tiene buena memoria y sin querer, reproducimos frases textuales que nos decían nuestras madres o abuelas. Los tiempos han cambiado y la educación es diferente. Lo que se pretende es conseguir el respeto hacia los niños.

Crianza positiva

Solemos creer como padres, que por imponernos ante los hijos, conseguiremos que sean buenos y bien educados. Y sin querer lo que aprenden es también a imponer sus criterios por encima de otros.

La crianza positiva, se basa en el acompañamiento al niño en sus aprendizajes. Hay que entender sus negaciones, contradicciones y desafíos como parte de procesos cerebrales en desarrollo. Tenemos que ayudarles a que se hagan conscientes de ellos y sepan manejar sus propias emociones. De momento, cuando no son capaces, podemos acompañarles y darnos cuenta de que su comportamiento muchas veces es producto de la frustración. No por ello, hay que hacer desaparecer lo que les produce la frustración, cometeríamos un grave error. Tampoco es acertado, castigarles por su respuesta desproporcionada. Se trata de acompañarles en el proceso, en el que comprendan por qué se sienten así, y cuál sería una respuesta más proporcionada a ese sentimiento.

Cuánto más comprendamos su mundo, más cerca estaremos de ayudarles. Eso es lo que hacemos con nuestros amigos y familiares, intentar comprenderles para ayudarles. No se nos ocurriría meterles en su habitación, castigarles o hacerles de menos. Lo importante es no crear distancia porque entonces el niño no comprende lo que está sucediendo y  finalmente se frustra más o puede volverse agresivo. Sin embargo, si se siente querido y acompañado irá comprendiendo las situaciones y aprendiendo a mejorar su comportamiento. Si el cerebro del  niño, está sumido en el estrés y la ansiedad no puede aprender. Nosotros, como adultos también nos bloqueamos en momentos tensos. Se aprende más en un ambiente agradable y favorable.

Es difícil mantener siempre este ambiente positivo, claro que sí, pero hay que intentar propiciarlo. Y cuando las situaciones se nos van de las manos, saber parar a tiempo, respirar o pedir apoyo al otro progenitor. Muchas veces nuestras respuestas como educadores, no son fruto únicamente del comportamiento del niño. Suele pasar que ya estamos sobrecargados por el trabajo diario, la acumulación de otros comportamientos anteriores, etc. Entonces, también nosotros emitimos, sin darnos cuenta, una respuesta desproporcionada que hace al niño, aprender lo contrario de lo que deseamos. Aprenden lo que hacemos y cómo lo hacemos, se fijan constantemente en nuestros gestos y palabras, luego,, los reproducen  con los juguetes y con sus amigos. Es entonces cuando nos damos cuenta de que se han quedado con lo “malo”. Debemos darles más ejemplos de situaciones de las “buenas”, si queremos que las reproduzcan y aprendan. No es fácil en momentos adversos, en los que nos dejamos llevar por nuestros sentimientos. Pero es lo que deseamos que hagan nuestros hijos, no deja de ser  algo  paradójico, ¿no crees?

Es cierto que siempre estamos pillados por el tiempo, pero si en esos momentos, aprovechamos las situaciones que surgen para que aprendan de ellas, será más aprovechado. Cuando utilizamos el camino del medio, para solucionar las cosas rápidamente, se produce el efecto boomerang, es decir, con el tiempo se vuelve en nuestra contra.

Espero que sigáis cultivando  el conseguir esa calma y serenidad que todos necesitamos para seguir con esta ardua tarea. Tiene muchas recompensas y alegrías. Intentemos educar a futuros adultos responsables.

Virginia Pecharroman

Psicológa

Podéis leer más sobre otros temas en mi blog personal https://vivirlapsicologia.wordpress.com/

Publicado el 12/10/2020
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